Este hombre trajo una superfábrica de chips a la España de los 80. Ahora le piden repetir la hazaña
Este hombre 'trajo' una superfábrica de chips a la España de los 80. Ahora le piden repetir la hazaña (elconfidencial.com)
Vivió el Big Bang tecnológico de Silicon Valley en primera persona y dirigió empresas como Motorola u Ono. Ahora, Jaume Martorell dirige el Perte más ambicioso del Gobierno, el de semiconductores. "No vamos tan tarde como parece"
09/12/2022
Esa es tan solo una muesca en su trayectoria laboral. Una trayectoria que empezó tras formarse en la Universidad de Santa Clara, la misma que parió liderazgos como el del cofundador de Nvidia o el actual mandamás de Intel; y que también incluye estancias en las altas esferas de empresas como Rockstar Semiconductors, Motorola, Amper o la teleoperadora ONO, comprada y fagocitada por Vodafone. Sin embargo, la pieza más llamativa de su ajuar profesional se encuentra en un enorme descampado de Tres Cantos de un millón de metros cuadrados. Allí se levanta la antigua fábrica de AT&T Electronics, un mastodonte de hormigón abandonado a su suerte, aguardando el momento de que alguien le dé un nuevo uso. Así lleva casi dos décadas, recordando un pasado en el que la Comunidad de Madrid podía presumir de tener una de las plantas de chips más avanzadas de Europa.
"Aquello fue un auténtico hito. Cuando se inauguró en 1987, trabajaban en la escala de las 1,75 micras", recuerda este veterano en una conversación con Teknautas. Deja caer que a día de hoy eso sería equivalente a hacer chips en la escala de cinco nanómetros, algo solo al alcance de dos empresas: la taiwanesa TSMC y la surcoreana Samsung. "Era una de las instalaciones más avanzadas del mundo", remata sobre el proyecto que le encomendó junto a otros compañeros la multinacional estadounidense, empresa que abandonaría poco después. Ahora, cuando han pasado más de 30 años, recibe un encargo similar: el de traer a España al menos una gran fábrica de semiconductores para romper con la dependencia existente del sudeste asiático, donde se concentra la mayor parte de la capacidad de producir estos valiosos componentes. Algo que andan persiguiendo nuestros vecinos europeos, pero también potencias como Estados Unidos o Japón.
PREGUNTA. Traer en 2022 una fábrica de esta naturaleza a una España descolgada de la carrera tecnológica, salvando las distancias, parece una papeleta tan o más difícil que traerla a la España de los ochenta.
RESPUESTA. En aquella época pasamos de cero a 100. Es cierto que es una situación parecida por el hecho de que se parte de la misma situación, la de no tener ninguna fábrica en nuestro país. Pero el posicionamiento de España, entonces y ahora, es muy diferente, por ejemplo, en el talento disponible. En aquel momento, se tuvo que contratar ingenieros aquí, pero se les mandó a Estados Unidos a formarse durante mucho tiempo. Eso ha cambiado a día de hoy. Estoy convencido de que podemos repetirlo. Si no, no estaría aquí.
12.250 millones para lograrlo
Durante décadas, los chips diseñados y fabricados por Intel lideraban la evolución. Pero la irrupción de TSMC, primero fabricando para Nvidia y desde hace unos años en exclusiva para Apple. El último en sumarse a la fiesta es Samsung, que en los últimos años se ha convertido en una fundición reconocida.
"Estuvo en funcionamiento 15 años. Es algo que no se puede perder de vista. Pero aquello no fue un problema exclusivo del mercado español. La de Tres Cantos estaba un poco aislada, pero las fábricas gemelas que AT&T tenía en Orlando y Denver también cerraron", argumenta. Esta no fue más que una arista más de la gran deslocalización que se fue produciendo hacia diferentes países asiáticos. "Fue Taiwán quien lo tuvo claro y vio una oportunidad en algo que Europa y Estados Unidos no veían como prioritario. Consiguieron montar una economía basada en los chips y luego los siguieron otros como Corea. Eso explica el momento que pasamos a día de hoy".
La escasez vivida a raíz de la pandemia, que golpeó con especial virulencia a los fabricantes de automoción, quitó la venda de los ojos a los responsables políticos de Europa y Estados Unidos, que han puesto ingentes recursos para darle la vuelta de calcetín. Aunque no alcanzó los niveles actuales, ya hubo otra rotura del suministro en 1997, una bengala roja que daba fe de que el gremio de los microchips tenía problemas estructurales.
El boom de los tamagotchis provocó una importante escasez de componentes que se alargó durante semanas. Es cierto que los semiconductores no tenían la importancia que tienen a día de hoy, pero ¿por qué no se actuó entonces? "Se estaban delegando muchas cosas, no solo la fabricación de la microelectrónica. Podía interpretarse como algo puntual. Pero lo vivido en la pandemia y otros episodios de los últimos tres años han hecho ver que, a lo mejor, no teníamos que haberlo delegado. Por eso se ha empezado un proceso de recuperación con el que EEUU y Europa pretenden tener hasta el 50% de la cuota mundial", analiza Martorell, que descarta la posibilidad de "recuperar el 100% de lo perdido" después de tanto tiempo.
¿Quién tiene el poder de fabricar chips?
Evolución y proyección de la capacidad global de fabricación (%) por localización a lo largo de las últimas décadas.
El plan de contingencia puesto en marcha por la Unión Europea cuenta con movilizar 43.000 millones entre la inversión pública y privada. El objetivo es alcanzar el 20% de la producción mundial para 2030. A día de hoy, prácticamente el 80% se reparte entre Taiwán, Corea del Sur, China y Japón. Europa ha pasado de un 30% en los años noventa a menos del 9% en 2020. Los pronósticos apuntan incluso a que en la próxima década este indicador podría hundirse aún más. "Necesitamos megafactorías, todas las posibles", afirmó el comisario Thierry Breton durante la presentación del plan, momento en que añadía que si se ponía en marcha una fábrica en 2022, "en 2026 podría estar funcionando".Esa idea de que lo necesario son las plantas de producción ha calado en el Gobierno español. De los 12.250 millones, ha reservado más de 9.350 millones a este fin. "Creo que podemos optar a más de una fábrica", asegura Martorell a este respecto. Apunta a que lo que hay que lograr para que estos aterrizajes se produzcan es alinear los objetivos de la compañía de turno, que seguramente "tiene ya capacidad productiva instalada" en otros lugares del mundo, "con los intereses y el ecosistema local". En este sentido, aseguran que en los primeros meses en el cargo se ha dedicado, entre otras cosas, a sondear y recibir el ofrecimiento de diferentes comunidades sobre dónde se podría instalar una planta de estas características. "Nosotros podemos mediar, podemos facilitar, pero la decisión, eso sí, dependerá de la empresa".
Si se baja al detalle del plan, no deja de llamar la atención que la mayor cuantía del Perte (7.250 millones) está pensada para atraer fabricantes que trabajen en la escala de los cinco nanómetros o por debajo. Esto supone reducir mucho la lista de candidatos, porque a día de hoy solo Samsung y TSMC trabajan en estas escalas. Intel, tras años de problemas, ha puesto en marcha un ambicioso plan que le llevará a trabajar, por primera vez en la historia, para terceros.
P. Intel ha escogido Alemania para su megafactoría e Italia para la planta de respaldo. TSMC se ha inclinado por Estados Unidos y Japón, pero descarta venir a Europa de momento. Samsung también se ha instalado al otro lado del Atlántico. Da la sensación de que las oportunidades se acaban y de que España va tarde.
R. No vamos tan tarde como parece. Se ha producido una crisis y se ha puesto en marcha un plan de respuesta. La Unión Europea pretende doblar la cuota de producción mundial. Para pasar del 8 al 20%, hace falta más de una y dos fábricas. Y hay que tener en cuenta que el mercado se va a duplicar en los próximos años. El 20% de hoy va a ser menor que el 20% de dentro de unos años. Tenemos la misma capacidad que Alemania y Francia para gestionar una inversión así.
¿Puede España optar a uno de los grandes?
Un vehículo de última generación puede requerir cientos de componentes de este tipo, pero probablemente solo un par necesiten ser de última generación para poder ejecutar ciertos procesos. A día de hoy, los procesadores más modernos se utilizan en su mayoría en productos de electrónica de consumo como smartphones, centros de datos y, en algunos casos, con fines militares. Su mayor rentabilidad es lo que ha empujado a muchos productores, en tiempos de escasez, a priorizar estos encargos, dejando una gran bolsa de pedidos sin atender.
Para entender las posibilidades que se abren con esta situación, basta con echar un vistazo a la estrategia de China. Las sanciones de EEUU le impiden acceder a la tecnología necesaria para crear chips por debajo de los 10 nanómetros. Por ello, han aumentado las compras de maquinaria más antigua para poder reforzar su importancia en mercados más maduros, menos competidos y donde la escasez es mayor.
P. Usted hablaba de casar los intereses de la empresa en cuestión con el ecosistema local. ¿No sería más lógico apostar por la vía francesa y centrarse en tecnologías más maduras, viendo la importancia del sector de la automoción para el PIB en España?
R. Hay que analizar bien los mercados, que obviamente son diferentes. Los mercados asiáticos y el norteamericano, por el perfil de su demanda, requieren tecnologías más rápidas con prestaciones mayores. En Europa, por ejemplo, tiene más peso la industria del automóvil o del electrodoméstico, que utilizan tecnologías más consolidadas. Es cierto que si nos volcamos en hacer chips de cinco o tres nanómetros, es probable que la mayoría acaben usados por empresas de fuera de nuestro entorno. Además, hay que tener en cuenta que son procesos avanzados que todavía no están depurados.
P. No me queda claro entonces si la apuesta es realista.


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